VALENTINA MARCHESE

Published on December 6th, 2011

Consideraciones acerca de la música industrial y el sexo

Txt: Federico Valenti

Foto: Vero Padrón

Make up&hair: Jose Herrera para Santé Hairspa

 

La redacción de Franceville estaba alborotada. Al mirar mi celular tenía seis llamadas perdidas: ya habían fotografiado a Valentina y mientras se decidía que fotos publicar, yo tenía que entregar la nota que adeudaba desde hacía días. Todos estaban muy exaltados esperando mis líneas que, de alguna manera, debían retratar una historia que contuviera la misma cuota de sensualidad que habían captado las cámaras. Pese a las advertencias de Augusto, mi compañero de banco,  decidí incurrir en el “nuevo periodismo” y escribir en primera persona esta nota. Me vestí de blanco Wolfe y comencé a aporrear la máquina…

Cómo se llega a ser lo que se es

“Realmente tengo que decirlo, porque es así: una de las principales influencias en mi vida fue una película que se llama Naushika, del director Hayao Miyazaki. Es el mismo que hizo el viaje de Chihiro” –me dijo mientras mentalmente recordaba las influencias que habían citado mis últimos entrevistados. Según wiki, el filme incluía un trasfondo filosófico nihilista- fatalista. Yo sabía que ella tenía una historia emparentada con la cultura japonesa, la ciencia ficción y la fantasía. Había hecho fiestas temáticas al respecto, participado de una caminata zombie y musicalizado el Sade Club.  Hasta hace algún tiempo atrás formaba parte de Re-animator, una dupla de DJs adepta al electro punk industrial bautizada con el nombre de una película de terror de los 80. Por entonces, ya tocaba bajo el apocope de TV Noise. Ese era, y es, su nombre de Dee jay.  “Ahí cantaba sobre bases de sintes. Hoy mezclo electrónica, drum y dubstep con otros géneros, como la cumbia y el reggaetón. A ver qué pasa”-me dijo con una frescura casi infantil.  

El humor al despertarse

“A la mañana, siempre me despertaba de mal humor, re enojada” –me contó. “Pero ahora escucho drum´n´bass y me levanto bien. No sé qué mierda será, pero me pone bárbara”. Valentina conjuga el anime con el hiphop. La actuación con la moda. El sexo con la filosofía. El ableton live con el kaoss pad, aunque yo no sepa que significa eso.

La próxima voy a tocar con un  pantalón celeste y blanco. Así de Argentina.  Para agitar un poco.” Explicó analizando el valor de trasladar las cosas a términos locales.

“Quiero poner violines y un acordeón a mis temas”- me contó, ya inmersa en la cuenta regresiva de Infecta, su inminente EP pensado para fin de año. “Van a ser siete temas. Para bailar mucho, mucho” -dijo entre risas.

Anatomía del flow

Valentina es post apocalíptica. “Mis letras hablan sobre lo que va a pasar después de la contaminación, cómo quedaremos afectados. Pretenden despertar al que las escucha… Otras hablan de la poca gente poderosa que domina el mundo. Y otras son mas porno.” Ante mi reclamo, reflexionó sobre la cuestión: “Se da muchas vueltas alrededor del tema, hay mucho caretaje. Todos tienen sus fantasías, su costado perverso… Creo que es lindo despertar la parte «porno» de cada uno. Además, hay que vivir la vida. No es por ponerme existencialista, pero… ¡¿Qué pasa si mañana se acaba el mundo?!”

“No creo que yo sea tan ingenua”

Miro mi libreta. Encuentro una línea correspondiente a uno de sus temas. Dice “Traigo cuero, tachuelas, rebenque, espuelas. Aquí vamos a hacerlo, a la vieja escuela”. También recuerdo que le pregunté cuanto había de personaje en sus interpretaciones. “En el escenario, un 90% soy yo,  y hay un 10% de personaje. Los que me conocen lo saben”.  En el borde del cuaderno dice “No creo que yo sea ingenua”. La frase está enmarcada en un par de círculos, como indicando importancia. Quizá tenga que ser el final de mi nota. Intento recordar cómo se llegó a eso. Algo dije para generar semejante frase.

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